La llegada de Fer

Estoy en la semana 38/39 de embarazo. A diferencia de mis otros embarazos, en este, la presión ha sido una montaña rusa: entre que subía y bajaba; todo descartado (preelampsia, proteína en la orina… todo). Pero hoy necesito salir de dudas y hacer una eco que soóo me confirme que todo está bien con ella. Buena idea la mía (y la de mi partera)… pero hay un pequeño detalle: son casi las 7 de la noche, estamos en cuarentena por el virus este del covid y he llamado a todos los sitios de ecografía y no hay atención. Y bueno, cuando se me mete algo no paro, así que terminé yendo a la clínica porque ahí si hay ecografía y me dijeron que estaban en uso para la hora que estaba yendo.Llegué tranquila y campante a la clínica con mis dos patitas desde mi casa. Y ahí empezó… ni bien entré ME OBLIGARON a sentarme en una silla de ruedas, a pesar de decirles que todo bien conmigo, disque que por protocolo. Lo siguiente fue triaje: presión, temperatura, datos. Claramente sabía que tenía la presión alta, y especifiqué que ésta era la razón por la cual venía y que SÓLO NECESITABA UNA ECOGRAFÍA para corroborar que todo en orden e irme. Paso siguiente, me indicaron que subiríamos al piso de ginecología/maternidad. Pensé que ok, supuse que los ecógrafos estaban ahí. Me metieron en una de estas habitaciones gigantes donde sé que dan a luz (acompañé a una amiga en una de estas hace un tiempo). Miles de preguntas… ninguna respuesta. Me amarraron a una cama muy moderna que se sienta y se echa y no se qué más. Digo que me amarraron porque me llenaron de cables y aparatos que impedían por completo que me pudiera mover. Las cosas no sonaban, todo como ellos querían. Y yo sólo preguntaba que a qué hora me harían la eco para poder irme.Después de vaaaarios minutos apareció la doctora para decirme lo que ya sabía: tienes la presión alta…. Y le expliqué con lujo de detalles tooodo lo que necesitaba saber y que sólo quería una ecografía para asegurarme que todo estaba en orden. Y me dijo: ahhhh A ESTA HORA NO HAY ECOGRAFÍAS. Y empezó todo. Le dije que sabía que los médicos tenían equipos de ecografía en sus consultorios, que me llevara al suyo y me lo hiciera. Me dijo que no. Que no podía porque no podría darme un informe por escrito. Le dije que no había problema, que solo me dijera la información de la bebe y ya. Ene veces le expliqué que sabía que todo estaba ok, pero que necesitaba la ecografía para cerciorarme. Y me dijo literalmente: OK, MANDARÉ TRAER EL EQUIPO PARA HACERTE LA ECOGRAFÍA. Listo. Pasaron 10,20,30 minutos. Trajeron el equipo a la habitación. Nadie venía. Me hacía la pichi y seguía amarrada a mil cosas. Vinieron dos técnicas, me dijeron que tenía que esperar. Una se llevó el ecografía, sin explicación y se fue. Pregunté que por qué se lo llevaban si aún no me habían hecho la ecografía, respuesta: ya viene la doctora… pasaron 10,20,30 minutos más y nadie daba respuestas. Llamé a una enfermera y le dije que si la doctora no venía, me iba a ir. Salió de la habitación, y de repente (oh! Casualidad), todos los aparatos empezaron a sonar! Verifiqué números, ya los había estado viendo desde que llegué, NO HABÍAN VARIADO. Sólo empezaron a sonar cuando estaba Ya fastidiada y amenacé con que me iba a ir. Seguí esperando, 15/30 minutos más y NADIE APARECÍA. BASTA! Dije y me arranqué todos sus aparatejos. Aparecieron 5 enfermeras corriendo (ahí me enteré que toda la info la ven desde afuera también) a decirme que no me podía sacar los aparatos PORQUE ERAN CARÍSIMOS Y LOS PODÍA DAÑAR. En serio?!?! Los aparatos más importantes que las pacientes?!?! Además que corroboraron esto, pues antes de ayudarme a pararme de su silla/ cama súper híper moderna, se pusieron a ordenar sus aparatos, mientras yo terminaba por arrodillarme y buscando la manera de pararme (con ayuda de Juanjo) para ir al baño. Las que han estado con 38/39 semana de embarazo saben que la movilidad no es El Fuerte en esta época. Salí del baño y ahí estaba la doctora. Había aparecido por fin!!! Y me dijo: tienes la presión alta. Le volví a explicar que lo sabía y que por esa razón había venido a la clínica para la ecografía y que me confirmaran que todo ok… pero que en cambio me habían metido en una habitación con una luz insoportable, me habían amarrado a una cama con sus mil aparatos, me habían tratado como a una estúpida y que ya estaba harta. Fue en ese momento que comprendí la razón por la que la mayoría de las mujeres terminan en cesárea… y es que te someten a taaal estrés que ni hablar. Lo único que la doctora atinó a hacer fue a decirme que (y recuerdo cada una de sus palabras): QUE ERA PELIGROSO QUE ME FUERA DE LA CLÍNICA Y QUE LO QUE LE FUERA A PASAR A MI BEBÉ IBA A SER SÓLO RESPONSABILIDAD MÍA. QUE PODÍA SER FATAL. Y QUE ME RECOMENDABA QUEDARME INTERNADA.A ver, EN SERIO?!?! Era una mujer como yo. Ella con estudios médicos, yo con experiencia de dos partos anteriores. Yo, sabía perfectamente dónde estaba parada, ella quería meterme miedo. Expliqué mil veces que tenía a mi partera (qué además era conocida por ellas) e igual insistieron en llevarme al susto, al miedo. No sé qué habría pasado con certeza de haberme quedado internada, pero creo fielmente que habría terminado en una cesárea en ese momento o al día siguiente, tanto por el estrés que te da el estar ahí metido como por el trato. Salí FURIOSA, no era para menos. Me fui a mi casa a descansar. Para los que me conocen saben que no soy de molestarme pero esa noche estaba furiosa: me habían tratado como a una idiota, me habían querido manipular y encima de todo trataron de hacerme sentir culpable “por las consecuencias fatales” que tendría mi decisión de irme de la clínica (corroborada además en una hoja de papel que me hicieron firmar para poder salir), me querían hacer sentir una mala madre, alguien que ponía en riesgo a su bebé. Pasó una semana, un día más, dos… cinco. Era de noche, había acostado ya a mis dos hijos y yo estaba dormida junto a mi salchichón/almohada. Como a la 1 de la mañana, me vinieron unos retorcijones… penqué que había sido lo que me comí o muchas cosas con leche que me da peditos jajajajaMe levanté, fui al baño, efectivamente un pedito y listo! De vuelta a la cama, otra vez abrazada a mi almohada y… una contracción. Ahh bueno, es normal, pensé. Seguí tratando de dormir. Otra contracción. Naaa, no pasa nada! Otra contracción. Abrí un ojo y miré el reloj. Los volví a cerrar. Otra contracción. Miré el reloj, 2 minutos habían pasado. Dos minutos más y una contracción. Cuatro minutos, otra contracción. Me dije hacia adentro, con la esperanza de que ella también me escuchara: es la 1 y 50 de la mañana, estamos en cuarentena con inamovilidad, va a estar difícil que leo y andrea lleguen, por favor, por favorcito, aguántate hasta las 4. Mi respuesta, otra contracción. Cerré nuevamente los ojos y me concentré en dormir. Ya está, pensé. No pasó ni un minuto, cuando de pronto sentí que me hacía la pichi! Jajajajaja Me levanté de volada (recuperé toda mi agilidad) y me fui al baño mientras goteaba por todo el piso y sólo me reía a carcajadas. Recuerdo haberme sacado la pijama e ir a buscar ropa a mi closet. Me puse un vestido verde y la llamé. Mi leo!!! Mi partera pero más que eso, mucho más. Sólo se resume en Mi Leo! Pero mi leo no es muy tecnológica y no me contestaba el cel… seguro lo dejó en cualquier lado pensé jajajaja y llamé a Andre! Ella si, me contestó y le dije que ya era hora. Ella muy dulce y calmada como suele ser, me dijo: tranqui, quizá sea sólo el tapón. Me reí y le dije, no!!! Es hora! Así que me dijo: listo nos vemos en tu casa.Mientras tanto, salí del baño (ahí hice las llamadas para no despertar a nadie) y le dije a Juanjo: “psss pssss despierta que tu hija ya va a nacer!” Y él me respondió: “noooooo! Todavía, duerme.” Jjajaja Le di un samacón y se levantó. Mientras él terminaba de despertar, yo ya había bajado a la sala. Llegó Esther y me ayudó a alistar las cosas. Mientras, entre contracción y contracción, iba moviendo las mesas, los sillones, tooodo para tener espacio. Me detuve, más agua de la Fuente. Ya está. Todo en orden. Yo al pie de la mesa del comedor. Otra contracción. Esther a mi lado, observándome y conversando de las cosas de la vida. Listo! 2:26 am, entraron por el ascensor Leo y Andre. Hola hola! Todas sonrientes, llenas de cosas. Me disculpé de no poderlas ayudar pero justo me llegaba otra contracción. Seguiamos conversando,Recuerdo haberle pedido a Leo mi baño de asiento… triste fue cuando Andre, con una mano sobre mi hombro, me dijo: “ lo siento Susu, no va a haber tiempo para tu baño de asiento” y yo casi lloro jajajajaLas veía de un lado a otro, ordenando y sacando las cosas a velocidad de rayo. En la cocina, preparando todo. Masha caminando por ahí (masha es mi perrita). Juanjo… no estaba aún, se había quedado con mariano en la habitación. Todo pasó muy rápido.Recuerdo llamar a Leo en una de las contracciones. Y le dije: ya es hora! Ahí viene la cabeza! Efectivamente, Leo corrió. Ya no hubo mate, no hubo masajes, no hubo caminata descalza, no hubo música ni tampoco mi anhelado baño de asiento… Leo me pidió no pujar por unos segundos (después me dijo que era porque tenía un hombro atorado) y listo!Lunes 11 del 01 del 2021. 2:34 amFernanda4.750 kilos57.8 cmsAhi estábamos. Papá y mamá para recibirte (aunque no supe a qué hora apareció Juanjo, sólo que llegó para verla nacer jajajaja). Leo para darme todo de sí 💜 y Andre con su dulzura y sostén.Así llegó ella. A su gusto, en su momento. Alborotándonos a todos. Cuando ella lo decidió. Llegó tranquila, sin mucho llanto, de frente a la teta. Un cordón umbilical grueso, muuuy grueso! Una bebota hermosa con harto pelo y unas manos grandotas. Nos pusimos a esperar a que naciera la placenta mientras conversábamos. Había pasado todo tan rápido! Salva venía a ver a su hermana. Había despertado y quería conocerla. La vio y me dio una de sus sonrisas más dulces. Todo fue perfecto.Finalmente, nació la placenta después de varios minutos. Me pusieron mi pañal y nos fuimos todos al segundo piso a descansar. Leo monitoreándome, la presión iba volviendo a su normalidad. Todo en orden.Fue mi tercer parto, un parto distinto. Mucho más rápido. Leo, siempre ella a mi lado y Andre con todo su apoyo.Pero quiero agradecer sobretodo el empoderamiento que me ha dado Leo siempre. He tenido la suerte de contar con ella como amiga, pero en mis embarazos sobretodo como mujer y profesional. Aprendí mucho con ella, no solo de mis experiencia de parto, sino de toda su experiencia. Gracias a ella pude irme de la clínica sin remordimiento. Aprendí a confiar en mi cuerpo y en mi capacidad de mujer, de mamífera, en mi fortaleza. La naturaleza es sabia. Y ojalá, todas las mujeres tuvieran esta guía, este acompañamiento. Gracias siempre Leo.

Taller Lilith 2021

Con muchas ganas y fuerza de volvernos a reunir, un año más, para compartir este intensivo y profundo aprendizaje.
Recorreremos todo el proceso, desde la gestación al post parto, adquiriendo herramientas para un acompañamiento holístico, así como el uso de plantas medicinales nativas del Perú, recetas, y métodos de la medicina científica y tradicional.
El taller es una invitación para todas las Mujeres que quieran aprender y vivir un viaje profundo y honesto de auto-conocimiento de nuestra naturaleza femenina. 

Gestar y Parir

Leonie es una maga para mí.
Llegué a ella sin buscarla – como las mejores cosas que me han pasado en la vida –
gracias a dos mujeres sabias que quiero con todo mi corazón.
Estaba embarazada de mi segundo bebé y quería – ahora sí – poder hacer un parto
en casa. Con mi primer embarazo, tuve la voluntad y deseo de hacerlo así, pero los
miedos de primeriza y voces externas tuvieron mayor cabida, así que decidimos
hacerlo en una clínica. No puedo quejarme porque fue una experiencia positiva,
tengo buenos recuerdos, y a pesar de estar en un territorio médico y algunas
cuestiones que no me encantaron, se respetó lo más que se pudo mi voluntad.
Pero para esta segunda oportunidad, luego de haber vivido lo que es un parto, y
con plena confianza en mí, en mi bebé y en la vida misma, estaba convencida que
quería e iba a hacer un parto en casa. Quería tener un parto donde el espacio, el
tiempo y cada detalle sea vivido intensamente y protagonizado por nosotros; con la
firme certeza que este es un acontecimiento natural.
Cuando conocimos a Leonie, entramos rápidamente en sintonía. Desde la primera
consulta, mi esposo Franko y yo no sólo hicimos “click” con ella sino que en ese
primer encuentro ingresamos ya mismo a esa zona profunda, salvaje y vulnerable
que gira entorno a la llegada de un ser humano a una familia, al mundo. Luego de
ese primer encuentro, ya estábamos todos en relación y embarcados en el viaje.
Narrar el desarrollo de mi embarazo daría para escribir un libro entero pues – inicio
de pandemia y cuarentena incluidas – transité por diversas emociones,
incertidumbre, cerrando etapas y preparando la tierra para la llegada de mi semilla.
Ser acompañada por Leonie en toda esta expansión y transformación es lo mejor
que me pudo pasar. Ella fue mi partera, mi terapeuta, mi nutricionista, mi
terapeuta de pareja, mi confidente, mi amiga, mi maestra. ¡Y lo sigue siendo! Todo
ese trabajo maravilloso y acompañamiento me empoderó para el Gran Momento.
Inclusive 2 meses antes de dar a luz, con una infección urinaria – identificada por
ella por teléfono – y una fuerte anemia no le di cabida al pánico, gracias a la calma
y confianza que ella siempre me transmitió. Rápidamente pusimos en marcha
diversas acciones para revertir esta situación y así fue. Iba sintiéndome feliz y
cómoda con cada paso.
Cada vez más cerca al parto, iba fortaleciéndome, y con gran ilusión aguardaba el
parto, mi parto, en casa. Sabía que todo estaría bien; tenía muy buenas

condiciones para ello, pues todo el proceso de monitoreo había sido muy riguroso
con Leo y yo sentía que estaba lista para recibir a mi bebé.
Me parece fundamental esa convicción y confianza que una coloca en su partera y
sobre todo en una misma. Es una confianza y sensación profunda que he sentido
en momentos muy importantes de mi vida, donde sueltas el control y confías. Y
estás tranquila sabiendo que todo va a resultar como tiene que ser; has puesto
todo de tu parte para que así sea. Donde se le baja el volumen a la racionalidad, las
probabilidades, los miedos, los resultados, los números, los análisis y grandes
etcéteras de donde estamos acostumbrados a transitar todo el tiempo. Y más bien
se le sube el volumen al corazón, pues arde una profunda convicción, amor,
merecimiento, libertad, confianza y entrega a la vida. Cuando siento esa conexión
tan profunda, entonces ocurre la magia.
Y así fue el parto. Una magia absoluta. Todo sucedió tan rápido. Las contracciones
me habían acompañado durante el día, pero sabía que – aunque anunciaban que el
parto estaría cerca – tendría tiempo para descansar y prepararme con calma.
Inclusive salí a caminar al parque con mi mamá y mi amiga Ceci. Cuando volví a
casa, las contracciones ya estaban muy fuertes, todo se empezó a desencadenar
muy rápido. Logré comer algo, bañarme y concentrarme en sostener las
contracciones. Había preparado en la mañana el espacio con mucho amor. Tenía mi
altar con objetos y frases de las mujeres de mi vida que me habían enviado
previamente dándome fuerzas e inspiración para este momento.
El proceso fue muy rápido, preciosamente veloz; como las estrellas fugaces. Leonie
y Andrea llegaron en el momento preciso para acompañarme en este trance. Yo
estaba totalmente conectada con mi ser mamífera trabajando las contracciones
que avanzaban a pasos agigantados. Sentía que me transformaba en un animal, iba
llegando a un clímax; las contracciones y el dolor traían muchísima intensidad y yo
transitaba por sensaciones jamás experimentadas. Despertaba la memoria, esa que
guardamos todas las mujeres en nuestras células de cómo parieron nuestras
abuelas, nuestras ancestras.
De pronto me encontré ya en cuclillas rendida ante el misterio de la vida; estaba en
comunión con lo salvaje y lo divino. Estaba envuelta en un rombo de amor y fuerza:
Franko adelante sosteniéndome de los antebrazos dándome su fuerza, Leonie
detrás de mí lista para recibir a mi bebé que se abría paso para nacer, y mi mamá y
Andrea cada una a mi lado dándome su amor y aliento.

Narel nació esa noche de julio, envuelta en agua y llena de vida. Fue algo
indescriptible. No sabría qué palabras utilizar para poder transmitir lo que
experimenté en esos momentos. Mi hija hacía su entrada estelar a este mundo, a
esta familia. Mi cuerpo explotaba de amor. ¡Qué dicha! ¡Qué bendición tan
inmensa! Todo se llenó de Felicidad. El tiempo se detuvo.
Valoro muchísimas cosas de poder hacer un parto en casa, la lista es larga. Pero
una de las más importantes para mí, es la intimidad. Poder tener el calor e
intimidad del hogar en este momento trascendental no tiene precio. Luego que
Narel nació y Leonie verificó que todo estaba muy bien, nos quedamos los 3 solos.
(Re)conociéndonos. Mirándonos. Sonriéndonos. Besándonos. Luego entró Joaquín,
mi hijo mayor. Estábamos los 4 juntos en la cama abrazados disfrutándonos. Cómo
no ser feliz y estar tan agradecida con esta vida. Estos momentos quedan tatuados
en lo más profundo de mí.
Leo y Andrea se quedaron a dormir para poder acompañar al día siguiente nuestra
evolución y revisar que todo se desarrolle dentro de lo normal. Volvieron también a
los pocos días y a la semana para hacerme una técnica andina maravillosa llamada
Waltasqa. Fue potente, una caricia al cuerpo físico y mental después de tamaño
despliegue. Me sentí totalmente renovada a través de este ritual con plantas,
masajes y emplastos.
Parir es salvajemente precioso. Nunca en mi vida he sentido que mi cuerpo, mi
mente y mi alma hayan llegado a tal estado de ebullición. Sentirse atravesada por
la naturaleza de esta forma para traer a la vida a tu creación, es muy mágico. Algo
así como que lo humano es sobrepasado por lo divino. Agradezco demasiado el ser
mujer y tener la inmensa oportunidad de gestar la vida y poderla traer a este
mundo. No hubiese podido encontrar mejor persona que Leo para que nos
acompañe a atravesar tremendo rito de pasaje. Como dije al inicio, ella es una
maga para mí. Siento que tendremos una relación para el resto de la vida… ¡y las
próximas!

“Si queremos crear un mundo menos violento donde el respeto y la gentileza
reemplazarán el miedo y el odio, debemos comenzar por la manera en que
tratamos el comienzo de la Vida. Porque es en ese momento que se instalan

nuestros modelos más profundos, de estas raíces brotan el miedo y la alienación o
el amor y la confianza”. (Suzanne Arms)

***Agradezco profundamente a Leonie y Andrea el haber puesto toda su sabiduría
y conocimiento al servicio de mi bienestar y el bienestar de mi bebé. De habernos
acompañado en esta gran travesía y entregado todo para no sólo arribar a puerto
seguro, sino haber hecho de este proceso un disfrute total donde he crecido en
diversos planos. Son una fuente de inspiración poderosa para mí. Las quiero con
todo mi corazón. ¡Gracias por tanto!